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lunes, 7 de diciembre de 2009

El manjeo del cuerpo en los jóvenes


Natalia tiene 12 años, tuvo su primera menstruación hace dos y luce ya como una joven. Cuenta con información amplia sobre sexualidad y ya tuvo un novio con el que duró más de un año. Vale, su mejor amiga de la misma edad, va en el tercer novio y ambas hablan de los besos, las caricias, el sexo, el amor, los “free” y de los “niños”con gran naturalidad. Ambas se están acercando a la edad promedio en que las chicas en México tienen su primera relación sexual y siguen siendo inmaduras para este paso.

Hace unas semanas hablábamos de cómo el cuerpo de un niño se transforma paulatinamente en el de un joven con nuevas funciones que tendrán gran implicación para el resto de su vida. Los esfuerzos por educar sexualmente a los jóvenes deben orientarse a que ellos sepan ejercer este nuevo potencial sexual y reproductivo, estén conscientes de sus alcances y sus límites, conozcan su cuerpo y sean dueños de su manejo.


Como adultos no queremos que los jóvenes desconozcan cómo manejar su cuerpo, ni que lo nieguen, lo vivan como algo ajeno o les angustie tocarlo o sentirlo. Ello no va a impedir que cometan errores ni que tomen malas decisiones. No está de más repetirlo: cuando las personas actuamos con ansiedad, enojadas o inseguras normalmente tomamos malas decisiones.

Los jóvenes, por su momento de desarrollo, son impulsivos, por ello requieren estructura y límites claros que les permitan un manejo responsable de sí y de los demás. La influencia externa en ellos es poderosa, por lo que deben contar con herramientas para no poner en manos de los demás su persona, y no depender en demasía de cómo son vistos, valorados, tomados en cuenta o aceptados por otros poniendo su propia identidad y autoestima en los amigos o las parejas.


Debemos enseñarlos a planear, a anticipar situaciones conflictivas y a encontrar posibles respuestas. A sentir en ellos la seguridad y confianza que les permita distinguirse de los demás, afirmarse y saber comunicar sus deseos, sentimientos e ideas de forma que sean respetados.

jueves, 8 de octubre de 2009

Sobre la capacidad de espera


Hemos venido hablando de la sexualidad de niños y adolescentes. Todas las clases y pláticas se dirigen a que ellos tengan información y sepan manejar esta área tan fundamental en sus vidas, pero lo que en realidad quisiéramos los padres es ¡que se esperen!. En efecto, en los años que llevo trabajando con sexualidad, erotismo, parejas, no he conocido un padre que prefiera que su hijo y menos su hija de una vez por todas inicie ya su vida sexual (sólo si ella tiene 30 años).

Todos desean que pueda esperar el momento correcto, la pareja correcta y sobretodo el estar en la edad correcta. ¿Cual es esa? Para algunos padres ¡Ninguna! Para otros que van ya integrando la idea de que el ejercicio erótico es parte del desarrollo saludable de sus hijos, quisieran sólo que fueran más maduros a la hora de comenzar.

Esto nos lleva a un tema muy trascendente para los niños y jóvenes de hoy, que tiene que ver con la capacidad de espera, el tolerar la demora en la satisfacción de una necesidad, en pocas palabras, la famosa tolerancia a la frustración. Esto implica que no importa que la amiga ó el galán presionen, que tenga muchas ganas, que le guste mucho alguien, que todo mundo lo haga, pues lo que importa es que ella ó el reflexionen, sepan pensar, sepan que es lo mejor para ellos y tomen la decisión correcta.

Saber demorar se practica en todos los terrenos, cuando posponemos el logro de la satisfacciones y no atendemos a todas las demandas de nuestros hijos inmediatamente. Se cultiva desde la más tierna infancia a través del “no”, del “más tarde”, del saber ganarse algo, del lograrlo por sí mismo.

Sabemos que cada vez más los niños y jóvenes muestran dificultades para que se les frustre, para tolerar la espera y eso inevitablemente se relaciona con un tipo de relación de demanda y satisfacción permanentes. Si así nos vamos manejando, ¿Cómo podemos pedirles que ahora si esperen para el sexo?